Si me quiere, que me busque...

Hacía tiempo se preguntaba quién sería esa chica. Bueno, no quién era: eso ya lo sabía. Conocía su nombre, sus amistades, sus intereses, su procedencia... Pero le intrigaba saber quién era en realidad. Dónde había estado escondida todo este tiempo. Si realmente era tan interesante, tan igual a él como parecía...

Vale, tal vez no era tan parecida a él. Quizás si que era un poco como la gente corriente, y le preocupaban las mismas estupideces sin sentido, y le gustaba perder el tiempo en las mismas cosas... Pero algo le decía que no. Que no era "sólo" así. Que había algo más debajo de aquella superficie banal. La verdad es que lo desconcertaba... Y eso le gustaba.

Al principio le había parecido que tenían muchas cosas en común. Después se había ido revelando como una tía cualquiera, de ésas que son igual de estúpidas que todas las demás pero de cuando en cuando muestran un atisbo de originalidad... Y entonces, de repente, cuando menos lo esperaba (y más la daba por perdida), ella lo sorprendía de nuevo. Y ese pequeño detalle, en el que él se veía reflejado, hacía que volviese a saltarle dentro la chispa de... ¿La curiosidad?

Pero lo cierto es que no la entendía. ¿A qué estaba jugando? Un día le seguía el rollo, al siguiente lo ignoraba, al otro se mostraba entusiasmada por hablar con él y después se pasaba dos semanas sin dar señales de vida. ¿No se suponía que le interesaba? Cuando él se alejaba, ella se arrepentía y se acercaba; y cuando era él quien se acercaba, después de un tiempo prudencial, ella no reaccionaba como era de esperar. Y eso lo desconcertaba...  Y le gustaba.

Joder, ¿por qué no le hablaba? Él se había mostrado siempre receptivo. Abierto. Atento. Había dado pie un montón de veces, y ella podría haber escogido la que más le conviniese... Pero no había hecho nada. ¿A qué esperaba? Sólo quería un rato de buena conversación: estaba seguro de que podría hablar de cientos de cosas interesantes con ella. De ese tipo de cosas de las que casi no se puede hablar con la gente de hoy en día.

Tenía toda la pinta de poder convertirse en... ¿Una gran amiga? Bueno, daba igual. En cualquier caso, tampoco iba a cambiar gran cosa el hecho de que definitivamente se conocieran. Él seguiría con su vida de siempre. Sus aficiones de siempre. Sus cavilaciones de siempre. Sus amistades de siempre, (incluso ésas que jamás llegaron a convertirse algo más y que nunca dejarán de escocerle...). Una lástima. Pudo ser una gran oportunidad, pero la indiferencia es lo que tiene: Hace que todo nos de igual, incluso aquello que nos conviene.

"Pues si me quiere, que me busque -pensó-. Por mi parte, yo he cumplido"

Si me quiere, que me busque...

Y los dos pensaron lo mismo.

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