Réquiem

Una persona a la que admiro dijo una frase que quedó grabada a fuego para siempre en mi cabeza: "Escribimos únicamente en los momentos álgidos, ya sean de felicidad o de tristeza..." Me pregunto cómo puede caber tanta verdad en tan pocos vocablos. Hoy, por ejemplo, las palabras están fluyendo con una facilidad que hacía tiempo no tenía -sí, por desgracia la alegría no es tan buena musa como la pena-. Supongo que esto ocurre porque en los momentos bajos somos más sensibles a la emoción y todo lo que sale de nosotros brota directamente desde dentro. Del sentimiento. Del corazón.

Y de sentimiento y corazón sabe mucho la que es hoy el motivo de mis tristezas. Porque hoy, 12 de Enero de 2012, cinco años y diecisiete días después de su llegada a mi vida, tengo que despedirme de una de mis más fieles compañeras, que me abandona para siempre pero, aun así, se marcha por la puerta grande.

Su nombre es Laura. De ella puedo decir que me encandiló desde el día en que la conocí, aunque he de reconocer que nunca pensé que fuese a formar parte de mi vida. Pero por suerte, entró a ella por sorpresa la noche de mi decimoquinto cumpleaños... Sin duda, de los mejores regalos que me ha hecho la vida hasta la fecha. Aunque, en honor a la verdad, he de decir que al principio nos costó adaptarnos: soy bastante torpe en las distancias cortas -y más en aquella época-, y en este caso no iba a ser una excepción. Pero no fue un problema, porque con tiempo y práctica, nos acostumbramos la una a la otra. Y, desde entonces, siempre hemos estado juntas. Y hemos vivido tanto...

Hemos viajado por toda la geografía española. Lo hemos dado todo en unos cuantos conciertos (y hemos pasado vergüenza en otros tantos). He derramado sobre ella ríos y ríos de lágrimas. Ha puesto banda sonora a mis fracasos y ha vibrado de emoción por mis éxitos. He compartido con ella todas mis noches en vela. Ha sido testigo de cada uno de mis desvelos.  Me ha dolido en mi propia piel hasta el más ínfimo de sus arañazos. Ha sentido en sí misma la más íntima de mis emociones. Hemos sido el alma de la fiesta en reuniones de amigos y familiares. Hemos dado la nota en la playa, en el colegio y en los bares...

En definitiva, hemos congeniado a la perfección a pesar de nuestras múltiples imperfecciones. Porque ni yo soy una virtuosa ni ella es el novamás del gremio, pero creo que precisamente ahí ha estado siempre nuestro secreto: Dos piezas defectuosas que encajaron sin esfuerzo.

Su nombre es Laura. De ella puedo decir que aunque la sustituya, ninguna otra llenará su hueco. Que la música no será lo mismo sin ella. Que intentaré curar su alma por todos los medios.

Su nombre es Laura. De ella solo puedo decir que es mi guitarra.

Y que la voy a echar de menos.

Comentarios

eMe ha dicho que…
Vamos a echarla mucho de menos.. qué penita :(