"Éramos como dos desconocidos que se conocen muy bien"

Definitivamente, quiero conocerte. Saber en qué piensas. A qué hueles. Cómo eres de alto. Si realmente eres tan interesante como me imagino. Si sabes tanto como parece. Probablemente seas un poco prepotente: es una cualidad que, según he comprobado, suele ir unida a la inteligencia. Pero estás de suerte, porque las personas prepotentes tienen algo que me encanta y me repugna al mismo tiempo, y creo que esta vez sí que sé qué lado pesa más.

Eres todo un enigma, y yo adoro los acertijos difíciles. Quiero saber qué te mueve. Cómo eres –no qué aparentas- y por qué eres así. Que me cuentes tu historia. Saber de dónde viene tu buen gusto por la música. Qué instrumentos tocas, porque seguro que tocas alguno… No podía ser de otra manera. Qué autores te gustan. Qué obras te conmueven. Con qué líneas de pensamiento te identificas. Qué personaje histórico llama tu atención sobre todos los demás.

Como decían en aquella vieja película argentina: “Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia. Me seducen una cara y un cuerpo cuando hay una mente que los mueve y que vale la pena conocer…” Y a ti no hay duda de que vale la pena conocerte. Porque sabes mucho más que yo sobre muchas cosas, y eso es perfecto. Que seas capaz de estimularme. Que nunca me aburras.

 Estoy convencida de que funcionaría. Contigo no parece difícil. Recorrer la ciudad a la busca y captura de las mejores vistas. Fotografiar atardeceres. Refugiarnos a tomar un chocolate caliente tras un paseo largo en una tarde muy fría. Sentir (juntos) el frío. Porque tiene que gustarte el frío: es una condición innegociable. Y los días nublados. Y, por supuesto, los lluviosos. Distraerte en la biblioteca mientras intentas estudiar porque yo no me concentro. Ir al cine y debatir luego las películas. Pelearnos por nuestras diferencias de opinión. Reconciliarnos entre cervezas en cualquier pub poco conocido. Vibrar al unísono en un concierto de rock alternativo.

Acurrucarnos en la cama mientras el resto del mundo malgasta su noche en fiestas banales aderezadas con mucho alcohol y música enlatada. Entrelazar distraídamente los pies por debajo de la sábana. Hacernos cosquillitas en los brazos. Intercambiar latidos al abrazarnos. Escribir con los dedos en tu espalda. Recorrer con tus manos la mía. Besarnos mucho: lento al principio, con pasión después… Y dejarnos llevar entre risas por la ebria felicidad de ese pequeño instante.


¿Sencillo, verdad? Algo así sería un alivio. Lo sé. Tú también te sientes solo. Tú también estás perdido. También necesitas a alguien que no aparece en tu camino. Alguien que sepa ver más allá. Que obvie la superficie y entienda y aprecie tus pequeños detalles. Alguien como yo... aunque eso tú aún no lo sabes. Pero te lo pido por favor: nunca dejes de buscarme. Ten paciencia. No te asustes. Serás bienvenido…

 Estaré encantada de conocerte cuando por fin hayas aparecido.

Comentarios

eMe ha dicho que…
Esta entrada es tan tú. Tan... él(sea quien tenga que ser).
Tan natural, tan profundo... tal y como la vida debería ser. Algún día llegará ese algo que te haga disfrutar de todo esto (más aún) y en compañía :)
Mijitita ha dicho que…
"eMe nunca dudó que me quería, a pesar de todo..."

Gracias. Ojalá tengas razón.
Alew Rubalcava ha dicho que…
Símplemente me encantó tu escrito, y sobre todo eso de las copias con derechos de autor, quise bajar la barra y al presionar el botón derecho me sacó una hermosa sonrisa tu "Sé creativo no me copies".
Me fascina tu escritura, que hermosura de ser que eres, bendiciones.