One Day.ductions

Veintiséis años y la vida a sus pies. Hace tanto que no se ven... Antes pasaban el día juntos; ahora un triste café de vez en mes. "¿Cómo la tratará la vida?" "¿Dónde habrá estado esta vez?" Se acercan a su mesa de siempre, que podría contar las veces que al pasarse el sobrecito del azúcar no llegaron a rozarse las manos -mientras los pies, distraídos, se entrelazaban buscando inconscientemente el contacto-. 

 "¡Hola! ¿Cómo va todo? Te veo... Diferente" (joder, qué guapa está, la recordaba más corriente...) "¡Muy bien! ¿Y qué tal tú? Cuánto tiempo sin verte..." (¿me habrá echado de menos? ¿se habrá alegrado de verme?).

Se sientan y empiezan a hablar. Y de pronto el tiempo retrocede: todo sigue igual, vuelven a tener trece -diecisiete, diecinueve...-, a conversar sobre todo y nada, a discutir por estupideces. Porque se quieren y se odian por igual: esa es su realidad (y el amor y el odio son las dos únicas cosas que el tiempo no puede agotar). Y hablando se les escapan las horas volando, mientras en la mesa se enfría el café... 

"¿Cómo serán sus besos?" "¿A qué sabrá su piel?"  Él suspira si la mira: Se conocen bien. Ella sonríe y aparta la vista: Aún no superó su timidez. Y los asaltan los recuerdos: tantas tardes en la playa, tantos piques en la cancha, pasear en moto -sin camiseta, para lucir abdominales-, dormir juntos -en ropa interior, para sucumbir a la tentación-, aunque al final sin llegar a rozarse...  Pero,  una vez más, sacuden la cabeza para desechar los pensamientos complicados, y siguen como siempre, como si nada...Después de tantos años, se han convertido en maestros en eso de disfrazar un amor complejo con la etiqueta de "amistad". Callando, porque es más cómodo engañarse. Librando mil batallas contra la razón. Negándose a escuchar en el silencio lo que a gritos les dice el corazón...


Y mientras, él malgasta el tiempo en encontrar otra chica como ella, pero no podrá. Y, aunque nunca -nunca- dará su brazo a torcer, muere si la ve en los brazos de otro hombre que jamás -jamás- sabrá entenderla cómo él. Ella se ha jurado lealtad, prometiéndose a sí misma que no volverá a pensar ni un sólo día más en él. Nunca -nunca- va a ceder. Que se quede con sus mil y una historias con nombre de mujer. Ella siempre ha estado ahí. Y él no lo ha querido, no lo ha sabido ver. Y se ha aburrido de esperar, se cansó de no sentir por darle tiempo a una pasión que no se supo decidir.

Y pasaron los años, y se sucedieron las parejas, y los tira y afloja -si él está contento, ella más; si a ella no le importa, a él también le da igual-. Y se pavonean el uno frente al otro de sus conquistas, mientras el corazón se les enquista y el estómago se les revuelve, pero cogen fuerzas -clavándose las uñas en las manos y con una amplia sonrisa en los dientes- para decir: "Me alegro mucho por vosotros...¡Un día, salimos los cuatro por ahí! (me compadezco de ti: en el fondo nunca tendrás lo que siempre has querido... Y a esa que ahora va contigo, si puede, que te haga muy feliz)  "¡Eres una chica con suerte, yo también me alegro por ti!" (no me importa quién te quiere , pero tienes que admitir que ese pijo reprimido jamás dará ni el mínimo de lo que yo habría dado por ti)

Y ahora, tiempo después, vuelven a estar en el punto de partida. Porque han pasado los años, han evolucionado sus vidas. Pero, en lo esencial, nada ha cambiado... Aunque ya no pueden volver atrás (¿no?), es demasiado complicado. Así que, una vez más, apurarán hasta la hora del cierre y esperarán con impaciencia a la próxima vez, sin terminar de decidirse y viviendo una realidad que a veces se arrepienten -y otras no- de haber elegido.

Y todo continuará igual. Y la duda nunca llegará a  marcharse. Porque seguirán siempre próximos, pero nunca juntos. Siempre cerca, sin llegar a rozarse. En medio de instantes decisivos que no llegan a empezar. Envueltos en abrazos comedidos que no quieren acabarse.

Mucho era lo que estaba en juego, pero ahí está el riesgo de no arriesgarse: que todos pueden acabar perdiendo al final. Y podría ser todo tan distinto de haberse dejado llevar... 

Si ella no se hubiera resistido...

Si él hubiera sido capaz...

Comentarios

Trieste ha dicho que…
Se me caen las lagrimas... Si, los hombres tambien lloran, por qué no? Leía esta historia y... me temo que será así y me duele porque no deseo esto, no quiero este futuro y sin embargo, ya no puedo hacer mas... He luchado tanto, tanto! Pero no supo valorar mis sentimientos, no me dió un lugar en su vida. Sus miedos e inseguridades, su egoismo pudieron mas que sus deseos, mas que nuestros anhelos... Sé que algún dia, él mirará atras y será consciente de su error: haber dejado escapar a la persona que mas le amó. Y... Donde estaré yo entonces? Sí, me temo que estaré ahí en esa mesa, compartiendo café con un avestruz... :(
Mijitita ha dicho que…
Me halaga que te haya emocionado, pero me apena que te entristezca... Por desgracia, es una historia que está condenada a repetirse infinitas veces, y casi siempre con el mismo final...

Pero casi siempre no es siempre :) No hay nada escrito. Tal vez de pronto todo cambie. Tal vez encuentres a otra persona que sí te corresponda y poco a poco consiga llenar el hueco que ésa no supo o no quiso ocupar.

Lo importante es no perder la esperanza. No resistirse. Ser capaz. Y en el momento más inesperado, en el lugar que menos te imaginas, aparecerá esa persona que sea valiente contigo y te invite a serlo con ella... Si es el mismo protagonista de esta historia o no, es algo que solo podrá decirnos el tiempo.

Mientras tanto, sonrisa en los dientes, cabeza alta, tirita al corazón, y a seguir adelante.