Injusticia e Impotencia

Aguantar. Seguir adelante, pase lo que pase. Soportar la tristeza estoicamente, y cargar con la de los demás hasta donde sea posible. Nadie te obliga, pero quieres hacerlo. Sientes que tienes que hacerlo... A alguien le tiene que tocar. Y tragas. En silencio y con una sonrisa. Cada noche te comes los miedos y las lágrimas. Porque desde que te enteraste, te habías jurado que no ibas a llorar. Que no ibas a hablar de ello, porque eso lo haría más real.

Entonces explícate por qué estás aquí, a las tantas de la madrugada, llenando el teclado de gotas de sal amarga y contándole al mundo cosas que no deben saberse. Cosas que no deberían pasar. Y te lamentas, porque sabes que escribirlo no ayuda -escribir no cura, esa es una horrible y peligrosa certeza de la que te has hecho consciente en los últimos meses-, y que lo único que podrías lograr sería desahogarte pero, al fin y al cabo, eso a quién le importa... No a ti, desde luego. Porque no sería suficiente. Porque no es tu pena la que te duele: Es la suya.

Sufre, y es injusto. Ahora da los buenos días con sabor a vómito y las buenas noches empapada en lágrimas. Donde antes había una envidiable inteligencia ahora se asienta la imposibilidad de concentrarse. No disfruta al cien por cien de las pequeñas cosas, porque no deja de pensar durante todo el día en problemas que ya sabe que no tienen solución. Se plantea la posibilidad entre un millón de arriesgar su vida y que salga bien, pero no es capaz de dar el paso porque ni así mejorarían las cosas. Pierde el control sobre su propio cuerpo, y no lo soporta. No puede hacer vida normal, pero la hace a pesar de todo… y sufre las consecuencias.

Decidme si hay algo peor que ser testigo de cómo se marchita una vida y no poder hacer nada por evitarlo. Si no es horrible que alguien llore desconsoladamente sobre tu hombro y no seas capaz de encontrar las palabras adecuadas para hacer que se sienta mejor. Que a pesar de que lo darías todo por cambiarte por esa persona para que ella no sufriera, no puedes hacerlo.

Saber que todo lo que digas y hagas en su favor es en vano, porque cambiar la situación no está en tu mano. Intentar calmar el dolor físico con remedios extraídos de aquí y allá, y fallar en el intento. Tratar de aliviar su pena prestando tu oído y comprensión y que no sirva de nada, porque por más que te esfuerces jamás lograrás entender la angustia existencial a la que se enfrenta. Desear con todas tus fuerzas erradicar su miedo, y no poder lograrlo… Porque ¿Cómo no tener miedo? ¿Cómo no temer que todo se acabe, quedando tantas cosas por vivir, tantos países que ver, tanto amor por dar, tantos sueños por cumplir? ¿Existe acaso una justificación posible para todo lo que le está ocurriendo?

No, no la hay. Y eso es lo peor de todo. Porque absolutamente nadie, ni siquiera la peor persona del planeta, merecería que le ocurriese esto...Aunque al menos sería explicable. No justificable, pero sí comprensible. Justicia divina, el karma o algo así. Pero no es el caso. No es justo que a una persona tan buena y honrada, tan libre de maldad y tan dispuesta siempre a ayudar al resto del mundo le toque vivir este infierno. Ni que tenga que aceptarlo estoicamente y sin ninguna explicación lógica. Al menos se merecería eso... Pero no la hay. Ni siquiera en eso puedo ayudarla. Y por ello me arden las entrañas y me paso el día gritando en silencio. Porque cada lágrima que cae de sus ojos dibuja una grieta más en mi corazón.


En fin, que como dice una compañera de clase -que quizá no sea de las más brillantes, pero en cuestión de afirmaciones rotundas siempre da en el clavo- : "No sé para qué cojones estudiamos Derecho si la vida es tan injusta"

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