Reflexiones II

Escribía con los ojos cerrados, sin mirar el teclado. Le podía (¿o era la podía? Pasar tanto tiempo en la capital estaba haciendo estragos en sus habilidades gramaticales...) el cansancio. Estaba agotada. Harta. De estar siempre nadando en un mar de dudas. De arrastrar su yo, ése yo que a veces aparecía y le negaba cualquier tentativa de remontar su existencia. Quería ser como todos. Ilusionarse con algo, sonreír, tener ganas de vivir y disfrutar. Acallar su mente, sus pensamientos, su alma. Llevar lo imaginado a la realidad.

Qué fácil habría sido, por ejemplo, no pensar. No indagar sobre nada. Abandonarse a la sencillez de los analfabetos. Creer, no cuestionar, dejarse impresionar por el canto de un pájaro, por la risa de un niño, por el llanto de un anciano. Mirar alto y encontrar en las estrellas muertas la luz de la vida.

Pero se sentía lejos de todo. Del mar, de la gran ciudad, de su gente de siempre, de las nuevas amistades, de sus aficciones, de sus ilusiones, de sí misma. Estaba en medio de dos párrafos, haciendo funambulismo en la destemplada cuerda de un limbo, a años luz de la tierra, tan perdida como un protozoo vagabundeando en un mundo de gigantes.

Tanto tiempo soñando, tanto tiempo luchando por vivir este momento y ahora no podía dejar de preguntarse cómo diantres había llegado hasta allí... Y para qué. Se levanta de la cama, se mira al espejo y no se reconoce. Aunque en realidad no ha cambiado: al fin y al cabo, la fachada sigue siendo la misma.

Entonces ¿En qué momento se había apartado de todo lo que la rodeaba, de todas aquellas cosas que antes la definían? Sus textos, sus libros, su música. Sus ganas de vivir, de experimentar. De probarlo todo en todos los sitios posibles. De descubrir cosas nuevas. De emocionarse. De enamorarse... ¿Adónde había ido a parar esa niña adolescente que soñaba vida? No valía la pena vivir sin sentir.

Pero, de todas formas ¿Qué sabía ella de eso, si hacía tiempo que no vivía sino a través de las vidas de otros ? No tenía la fuerza suficiente como para salir de su burbuja, así que se limitaba a navegar entre fotos y recuerdos ajenos, fantaseando con volver a tener alguna vez experiencias similares.

Porque ella no vivía...

Solo soñaba que vivía.

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