La Otra

"La Otra". Ese personaje secundario carente de importancia que se introduce poco a poco y sin permiso en el centro de la escena e intenta robar el protagonismo propio del papel principal. Esa serpiente venenosa que toma la relación entre sus fauces, la rompe, le hace sangre, le da muerte y causa un dolor irreparable a su paso… O no.

¿Nadie se ha dado cuenta que "La Otra" no es sino una víctima más de los avatares del destino? ¿Que sólo es otra pieza en un tablero en el que la decisión final la toma el de arriba -o el azar, en el caso de aquellos que no creen en nada-?

Pensándolo fríamente, “La Otra” sale tan mal parada como Él y Ella de un triángulo amoroso. O incluso peor. Porque a ellos se les acaba el amor, sí… Pero al menos tienen la certeza de haberlo sentido, de haberlo disfrutado, de haberlo vivido. La Otra, sin embargo, solo se queda con el amargo sabor que dejan en los labios las mentiras mal contadas.
Intentar averiguar quién tiene la culpa en estos casos es como pretender dilucidar si fue primero el huevo o la gallina: Inútil y frustrante. Lo importante es que La Otra, ya sea inocentemente o de forma voluntaria, comienza a sentir cosas por Él. Se siente querida. Deseada. Amada incluso, en el caso de las ilusas primerizas. Su Romeo particular le promete el cielo, y ella se lo cree. Él le insufla su felicidad, sus ganas de vivir, y ella bebe de esa nueva fuente de energía como si no hubiera mañana.

Él empieza a volverse adictivo. Sus palabras, su cuerpo, su olor… Al tiempo le faltan horas para poder disfrutar de Él, y más cuando tienen que amarse furtivamente en el asiento de atrás. No puede vivir sin sus abrazos. No quiere dormir sin su compañía. Y es entonces, justo entonces, cuando Él comete el terrible error: Le da esperanzas. Y la esperanza es lo peor que se puede dar a una persona, precisamente porque es lo último que se pierde... Sólo después de la cordura, el corazón y las ganas de vivir.

Y así se queda la otra: En estado de espera. Espera a que se acabe su amor por Ella. Espera a que pase el tiempo y se le cure la herida. Espera a que Él vuelva. Espera. Espera. Porque si sigue aguantando más, un poco más, sólo un poco más, podrá ocupar la vacante que Ella dejó... Pobre idiota enamorada. La Otra no es consciente de que, aunque pueda ser prácticamente perfecta, tendrá siempre un irreparable defecto: No será Ella.

Y Él nunca la querrá -al menos, no como a Ella-. La besará, pero no la deseará. Le interesará, pero no la necesitará. Y no hay nada que duela más que la impotencia de amar a alguien y no saber, no poder hacerlo feliz. Estar tan cerca de Él y saber que está tan lejos, dejando volar su mente a paraísos extraños y desconocidos donde se encontrará con Ella.

Porque con La Otra, charla; con Ella, habla. Porque a Ella la ve, y a La Otra la mira. Con La Otra experimenta; con Ella, siente. A La Otra la rodea con los brazos; a Ella, la abraza. A La Otra la toca, pero a Ella… la acaricia. A La Otra la besa, pero cuando la besa a Ella se le escapa la vida por los labios. Y a La Otra se la folla, por supuesto… Pero es a Ella a quien le hace el amor.

A Ella, la ama. Y a La Otra, la utiliza.

Así de simple.

Comentarios

Girl With Fangs ha dicho que…
Las 'Otras' se acaban yendo, olvidando. Las 'Ellas' se quedan, se recuerdan.-GwF-