La ladrona de sueños (I)

El sonido de las gotas de lluvia resbalando por el cristal. La habitación,  minúscula, atestada de estanterías repletas de ajados volúmenes de historias ya olvidadas. El suelo cubierto de los folios medio emborronados que han sobrevivido heroicos a una cruenta batalla de versos.  La destartalada guitarra apoyada sobre la pared, silencioso testigo de sus mudos deseos expresados finalmente a voces. El aroma a café recién hecho emanando de la taza que sostiene entre sus manos. La media sonrisa al contemplarlo durmiendo plácidamente sobre la cama, exhausto, ajeno a todo cuanto le rodea. La sonrisa completa al releer las palabras amontonadas sin sentido sobre cada uno de los rincones de su espalda.  El susurro de su respiración, acompasada y tenue… casi puede sentirla de nuevo sobre su nuca. La piel, aun impregnada de su olor. Mejor. No quiere que se vaya.  En su lengua permanece todavía la huella de su lengua, ese sabor seductoramente empalagoso al que podría volverse adicta… Deja el café antes de probarlo. Tampoco quiere que se vaya. 

Se deshace de la sábana que llevaba enrollada alrededor del  torso y la deposita sobre el cuerpo desnudo de él… Mejor que no coja frío. Todo se volverá más complicado si se despierta. Busca a tientas su ropa, pero solo logra encontrar una camisa un par de tallas más grande enganchada sobre la lámpara. La abotona sobre su pecho mientras mira pensativa por la ventana… Le quedan cinco minutos.

Se dirige de nuevo hacia la cama y se tumba junto a él, con cuidado de no desvelarle de su ligera ensoñación. Le acaricia el pelo mientras suspira lastimeramente. ¿Por qué ha de ser así? ¿Cómo ha quedado relegada a ese triste papel? Dentro de cinco minutos, no será más que un recuerdo que él nunca sabrá si es real. Humo. Polvo. Sombra. Nada.

Como si hubiera estado escuchando sus cavilaciones, él se retuerce bajo las sábanas. Ella se aparta un poco, asustada. No tiene fuerzas para mentirle. Hoy no. Ya es demasiado duro admitir ante sí misma que la única manera posible de tenerlo es en sueños como para encima tener que preocuparse por dar explicaciones.

Diez segundos. La habitación se comienza a desvanecer lentamente a su alrededor. Se tumba de lado junto a él y deposita un último beso sobre sus labios. “Hasta esta noche”-le susurra-.  Él entreabre los párpados justo en el mismo instante en el que ella los cierra.

Suena el despertador, prueba irrefutable de que ha vuelto a la realidad. Abre los ojos y se incorpora. Vuelve a estar en su dormitorio. Se pasa la lengua por los labios… Nada. Busca por su cuerpo algún rastro de su olor, pero es en vano.  Suspira y se derrumba de nuevo sobre el colchón, derrotada. Sigue sin ser cierto, aunque está convencida de que es real. Tiene que ser real. Le debe eso. Sabe que no escribió aquellas palabras por casualidad. Sabe que él tampoco quería dejarla. Y por eso le proporcionó aquella forma sencilla y secreta de estar juntos…¿O acaso era todo un producto de su imaginación?

Decidió no darle más vueltas. Al fin y al cabo, ya era demasiado tarde como para detenerse a averiguar si se había convertido en una demente. Se levantó y se dispuso a vivir un día más en el doloroso, vacío e insulso mundo real.

Y entonces lo vio. Allí, en su antebrazo, un minúsculo trazo esbozado con tinta china que pretendía ser una palabra... Sonrió para sus adentros. Todavía no estaba loca del todo. Sólo tanto cómo él.

Comentarios

Patri Hache ha dicho que…
Y al final la esperanza es estar tan loca como él...
Qué grande.


Millones de besitos desde Málaga Zipilondia, ¡pero millones!

:D