C'est la vie.


Mírala. Obsérvala atentamente. Ahí, sentada frente a ti, escribiendo. Frunce el ceño a causa de la concentración, y te das cuenta de que tiene una suerte de tic nervioso que la hace sonreír lacónicamente cada pocos minutos. ¿En qué estará pensando? Puede que en los apuntes que copia. O en lo que hará al salir de la biblioteca. No lo sabes. O sí. Sería fácil adivinarlo. Vuelve atrás en el tiempo. A la misma sala. El mismo día. A la misma hora. Un año atrás alguien copiaba esos mismos apuntes. Diez años atrás, una chica estaba sentada en el mismo sitio. Cien años atrás, alguna más tendría un tic nervioso que alterase su cara cada varios minutos, puede que incluso ese de la sonrisa. Mil años atrás, otra chica pensaría en llegar al feliz momento en el que terminan sus tareas diarias. No serán ella. No son ella. ¿O sí? Pensamos en tanto y en cuanto existimos. Somos lo que pensamos. Ya se vivieron las cosas que ella está viviendo. Ya se pensaron cosas que ella pensará. Nada de lo que le ocurra –o se le ocurra- será nuevo. Su vida se construirá a base de retazos de sueños, pensamientos, sentimientos vividos por otras personas. Todo está inventado. ¿No lo crees? No hace falta irse tan lejos. Tú. Mira las fotografías. Te diviertes, con tus amigos. Estáis de fiesta. Descubrís el local de moda de la ciudad. Comenzáis a inmiscuiros en la noche madrileña. Nunca habíais vivido algo así. Os sentís eufóricos. Especiales. Sí… Vuelve a mirar las fotografías. Esas que se sacaron los que son uno, dos, tres, siete años mayores que tú por las mismas fechas. Hacían fiesta en el mismo parque. Iban al mismo local de moda, aunque seguramente hayan cambiado el nombre. Empezaban a descubrir la noche madrileña. Se sentían únicos. Especiales. Pero… ¿Lo eran? ¿Lo son? ¿Lo somos? Se limitaban a vivir aventuras de otros. A pisar el mismo camino que los que les antecedieron. Y sus predecesores hicieron otro tanto. Y nosotros lo haremos igualmente. ¿Todavía no? Piénsalo. Piensa en el amor. Te enamoras de una chica. Ella también de ti. Compartís juntos un montón de momentos que creéis especiales, íntimos, vuestros. Pero al otro lado del globo hay una pareja que ha visto el mismo atardecer que vosotros, hace años dos pares de pies pasearon por la misma arena que vosotros pisáis, y dos bocas se besaron con tanto ahínco como el que vosotros demostráis en ese banco del parque en el que, por cierto, cientos de personas invadidas por el mismo sentimiento han grabado sus nombres y fechas con navajas o llaves. Después, lo dejas con esa chica. Se ha enamorado de otro. Y tu amor por ella es ciego, loco, repentino. Por él que matarías y morirías. Crees que nunca nadie sintió nada tan fuerte por otra persona. Que tu problema es el más grave del universo y que jamás podrás salir de él. Que no hay nadie que sepa cómo estás sufriendo. Pero generaciones de locos antes que tú murieron en vida por los mismos motivos…

Podríamos seguir poniendo ejemplos. Pero, como todo, es inútil. Porque alguien en la historia del mundo antes que yo habrá reparado en la insignificancia de nuestros actos. En el hecho de que no podemos ver obras de arte que nadie más haya visto, maravillarnos ante la belleza de un paraje que nunca haya sido contemplado con una vehemencia igual a la nuestra, ni experimentar un sentimiento hacia alguien o algo que no sea un calco de los que antaño acaecieron. No hacemos más que repetir la historia una, y otra, y otra vez. Nuestro destino, si es que existe, no nos depara nada nuevo. Cometeremos los mismos errores que alguien antes que nosotros cometió. Probaremos las mismas cosas que muchas lenguas ya habrán probado. Estudiaremos materias exprimidas al máximo por generaciones anteriores. Pensaremos en los mismos ideales, pintaremos los mismos cuadros, contaremos las mismas historias de los libros, sentiremos las mismas cosas. En tiempos, lugares y circunstancias diferentes. Pero nada de lo que hagamos será nuevo.

¿Para qué vivir, entonces? ¿Merece la pena, sabiendo que hagas lo que hagas…ya estaba hecho? No lo creo. Pero, ironías de la vida, ni siquiera desaparecer del mundo es la solución. Porque otros tantos antes que tú se han quitado la vida negándonos la posibilidad de ser originales incluso en el último de nuestros actos.

Comentarios

apuntameotraderrota ha dicho que…
"Nada de lo que hagamos será nuevo."
No estoy de acuerdo.
Merece la pena vivir.
Merece la pena hacer cosas y no darlo todo por hecho.
Lo que tú vives hoy, jamás volverás a vivirlo, por simple que te parezca. Y nadie lo hará tampoco. No de la misma manera.
Estoy harta de que la gente se suicide.
Harta de que no encontrar a gente con ganas de VIVIR. Que es para lo único que estamos aqui. Y la gente ha cambiado vivir por sufrir. No sé porqué ni hasta cuando.
Wouh. ha dicho que…
Un poco largo, yo apurada leer todo no alcanzo, lo poco y nada que lei lo encontre interesante.


te sigo.
Autodestrucción; ha dicho que…
Creo que realmente merece la pena vivir, pero creo que tenemos que buscar "eso" que haga que vivir valga la pena,
El solo hecho de respirar o distintas cosas no lo hacen.
Monica Lara ha dicho que…
Bonita puesta de sol!:)