Puntos Suspensivos.

Así sólo demuestras, una vez más, que no me conoces.

Que por muy profundo que digas ser, no sabes leer entre líneas. No sabes (adivinar) lo que siento.

No sabes por qué digo las cosas que digo y hago las preguntas que hago.

Yo sí sabía. Lo sabía. Por Dios ¿Cómo no voy a saberlo? ¿Crees que soy anafua?

Pero no, tú no lo sabes. No sabes nada ya de mí. Estás ciego. El amor te ciega. El dolor te ciega. Sólo te acuerdas de que un día estuvimos en la misma onda y te aferras a ello cuando te hace falta. Pero no ves lo que hay detrás. Te quedas en la superficie. Y, si no rascas la superficie, no eres capaz de ver lo que hay debajo. Porque, en la superficie, hasta yo -y hasta tú- puedo ser como los demás.

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