Confesiones y Lamentos I

No me sale, joder. He hecho más de quince intentos, y no encuentro la manera. No sé que quiero decirte. Sólo me salen dos palabras, que tu no quieres oír y que yo no quiero pronunciar, aunque los dos las sabemos ciertas -no se si más a tu pesar o al mío- pero eso, en el fondo, da igual. Lo triste es que algo que debía ser una buena noticia ha caído sobre ambos como un jarro de agua fría. Una verdad inminente e indestructible que está ahí, y ahí seguirá por tiempo indefinido navegando a la deriva en este mar de incertidumbre.

Acabo de darme cuenta de por qué he venido aquí a hablar contigo. Aquí fue donde nos conocimos, en mi Calle del Olvido que ya es de los dos, y tarde o temprano volverás a ella, no sé en busca de qué exactamente, pero me consta que volverás... Qué tiempos aquellos ¿Verdad?
Yo estaba sumida en un agujero negro y tú me sacaste poco a poco, sin darte cuenta. Me embriagaban el miedo y las dudas, a ti las ganas de volar, y parece ser que al final nos hemos estrellado antes de despegar. Porque tú fuiste fuerte y me rescataste, pero ahora eres tú el que se ha caído dentro y yo no soy capaz de tirar de ti para sacarte de ahí. Y te prometo que no hay nada que desee más. Porque yo he pasado por eso, y sé que no estás bien, y daría todas y cada una de mis ilusiones -esas que sólo tú y yo conocemos- por encontrar la manera de hacerte feliz, de salvarte, de devolverte las ganas de vivir. Es lo único que me importa, aun si me excluyes de ello... Pero no puedo. ¿A quién vamos a engañar? No me corresponde salvarte. Yo no te puedo curar, aunque tú lo niegues cada vez que yo lo afirmo.

También sé que no soy lo que en el fondo esperabas (aunque eso te corresponde decidirlo a ti, pero apuesto a que no me equivoco demasiado). Querías a alguien que te abriera las alas y te empujara para poder volar, pero has ido a dar con un lastre del que resulta difícil desprenderse por sus ganas de quedarse. Y se ha apagado la chispa que había al principio, aquella que te hacía desear tener contigo hasta el horrible ruido de mis tripas hambrientas - hambrientas de ti, pero eso lo he descubierto mucho más tarde- sin que sepas exactamente el por qué. Se ha ido, sin más. Se ha esfumado como otras tantas cosas en tu vida, y no puedes asegurar que volverá, de hecho puede que ya ni estés seguro de que quieras que regrese, no lo sé.

Y mientras tanto, los días pasan -y pesan- y seguimos avanzando en una desagradable situación en la que pasamos de ser íntimos a convertirnos casi en extraños, hablando de banalidades tales como el punteo de una canción, en lugar de gritarnos el uno al otro lo que nos gustaría (siempre y cuando a ti te quedasen ganas de gritar por algo...).

El siguiente paso será hablar del tiempo, pero no de tu tiempo sin mí y mi tiempo sin ti, sino de las nubes que cubren el sol de mi ventana o de la lluvia que ya no te moja dejando que sea yo quien te roce la piel.

Comentarios

Yomismo ha dicho que…
Precioso, no caben más calificativos.
Gracias por hacerme estremecer con esas palabras.