IMAGO

Imago. Encontré esa palabra en un libro de Lucía Etxebarría. Me encantó como sonaba cuando la pronuncié en voz alta. Releí ese capítulo diez veces, la pensé, la busqué, la estudié, y de tanto repetirla la adapté y la hice mía.

Para mí, Imago es esa impronta indeleble que uno lleva dentro y que determina lo que podrá amar a partir de figuras que ya amó. Le di vueltas, y puse en una fila a todos los hombres que he amado... No, no han sido tantos. Puse sólo a los que lloré, a los que añoré, a los que deseé y con los que sentí. Luego los pensé, los ordené, los describí, los junté y los separé, di unos cuantos pasos hacia atrás y miré desde lejos. Y ahí estaban, todos con el mismo común, todos con esa esencia que los hacía parecerse siendo tan diferentes, y la vi, a mi Imago, riéndose de mi desde todos y cada uno de ellos. Imago era la que me había elegido siempre. Yo nunca fui a por ellos, habían sido míos antes de saberlo, el mismo comienzo, el mismo sentimiento, el mismo volver a caer después de haberme jurado no hacerlo, el mismo, el mismo, el mismo… Demasiados mismos. Demasiados finales. Demasiados comienzos ¿Cómo he podido dejar que destrozaran mi mundo tantas veces sabiendo como iba a terminar? He llorado, he gritado, he querido y creído morir mil veces, me he jurado que eran especiales, que eran los últimos, que no iba a volver a pasar, y el dolor cada vez ha durado más y me ha dejado un poco más rota, un poco más triste y un poco más cansada. Tal vez Imago se haga mas fuerte cada vez que me gana. Me gana y se va a esconderse en otro él, a que la vuelva a encontrar, o me vuelva a encontrar a mí.

Cuando aparece Imago mi irracionalidad la señala, la hace objetivo, objeto y deseo. Desde entonces todas las acciones de mi cuerpo serán por y para conseguirla. Así empieza una pelea conmigo misma donde ansío y no quiero, donde me arrastro y me enfado, me reprocho y me replico. Y acabo convertida en la yo que avanza, la yo que llora, la yo que arriesga y la yo que sabe que acabará perdiendo.

Él, no importa cuál, no suele enterarse nunca de nada. Me tiene que haber dicho que no quiere relaciones, que ya tiene una, que no le interesan las mujeres o cualquier otra cosa parecida. Porque, si fuera fácil, o incluso posible, entonces no sería Imago. Luego yo despierto su curiosidad. Viene, se aleja; viene, me alejo. Y voy siendo atrapada en cada intento de atraparla, hasta que se queda. Esta es la parte mas placentera y la que más duele, tener a Imago, poseerla, hacerla mía... Siempre aprovecho estos momentos, la recorro a besos y guardo su sabor, la abrazo y la acaricio para fundir su cuerpo con mil huellas, yo robo su cariño y ella me toma. Sé que me utiliza, que se burla de mi, pero yo aspiro sentimiento y me nutro, y busco mi reflejo en sus ojos, y me veo mirándola, y sonrío porque he ganado una vez más, aunque sepa que a la mañana siguiente ganará ella. Entonces Imago se marchará, y yo volveré a quedarme vacía, tumbada en su lado de la cama, y arrepintiéndome por haber vuelto a caer.

Desde que me di cuenta de todo eso, cada vez que consigo a Imago y la oigo dormir a mi lado, me acurruco en su pecho y lloro, sola entre sus brazos, con su respiración en mi nuca y rogando en silencio estar equivocada, y que no sea Imago, que no se acabe la noche... y que no me enamore.No he podido apartar a Imago de mi vida. De verdad que lo he intentado, pero no puedo pelearme conmigo misma. Le miro desde lejos, le sueño, y cuando le tengo cerca todo mi cuerpo me grita que le necesito, que me acerque, que lo sienta... Y es entonces cuando un roce, un cruce de miradas me estremecen, y desde ahí, desde mi mundo, Imago es hermoso, inalcanzable, y yo tengo algo en lo que pensar cuando estoy en clase aburrida y el día es gris.

Imago es tímido, callado, y con cierto toque misterioso. Se esconde tras un pelo negro como el ébano y unos ojos deliciosamente verdes. Imago no provoca. No enseña los calzoncillos, ni se hace fotos delante del espejo. No le hace falta. Tampoco usa ropa de marca, ni tiene un móvil de última generación. Porque él no alardea, aunque me pague las chucherías con billetes de cincuenta cuando se me olvida la cartera o me lleve al fin del mundo subida en su coche. Imago siempre guarda silencio. Pero nunca parece estar callado: Sus ojos siempre tienen algo que contar. No es excesivamente cariñoso. No tiene la costumbre de prodigar caricias ni repartir besos, pero regala unos abrazos abrumadoramente sinceros. Y cuando le da por besarte, sientes que el mundo entero se transforma. Imago no es romántico. O sí, eso depende. Pero por norma general no proclama sus amoríos a los cuatro vientos,ni te llama por teléfono todos los días... Pero cuando está contigo aprovecha hasta el último segundo y te colma de detalles que te hacen sentir una princesa. No es sensible. Más bien, no lo demuestra. No llora con las películas dramáticas ni se conmueve con las palabras de Bécquer, pero te presta su hombro para que tú lo hagas.

Imago nunca es el mismo. Pero siempre es igual. Se esconde y me esquiva, me provoca y me intimida. Pero, finalmente, siempre acabamos encontrándonos en un choque frontal en el que yo quedo herida. Siempre sé reconocerlo. No puedo evitar acercarme. Y alejarme me cuesta la vida.

Puedo querer a muchos y muy diferentes. Pero sólo amo a Imago.


Ciclotímica

Comentarios

Roberto Bennett ha dicho que…
es como una busqueda alucinante la que estás viviendo con imago, algo tuyo que esta en otros, de a montones, por momentos, de a pedazos. Un ideal soñado y siempre por cumplirse.
...y no se canse, que me gusta como escribe, el ritmo, es como ir por un laberinto...